Todo aquel que haya ido a algún festival, sabrá cómo
funciona, pero para el que no, la mecánica es muy sencilla. Hay muchísimos
grupos buenos, solamente tres días en el caso del Viña Rock, y unos 6
escenarios, por lo tanto es normal que algunas bandas coincidan en el tiempo. Y
también es muy probable que esos grupos que coinciden sean los que más te
gusten. Por lo tanto, o eres una ameba y te bipartes para ver a los dos, o muy a tu pesar decides quedarte solamente en uno, o rezas para que los escenarios estén lo
bastante cerca para ir de uno a otro cuando ya hayan sonado tus canciones favoritas.
Si no fuiste a la fiesta de bienvenida del XX Aniversario del
Viña Rock, quiere decir que como un servidor tu día de viaje fue el jueves. Es el
peor de todos los días, no digo a nivel de actuaciones, a pesar de que por
regla general y no escrita, el primer día de festival no suele ser tan fuerte
como los siguientes; sino porque toca instalarte en el camping, sistematizar tu
tienda junto a la de tus colegas y procurar que la nevera no se quede sin hielo
y sin cerveza. Todo esto sumado a un sol de justicia que no te dejaba a penas
sombra para relajarte.
Sin menospreciar a los levantinos Alademoska y los madrileños Envidia
kotxina, se nos hizo imposible asistir por culpa del incandescente astro
rey y de que entre unos amigos y otros, se hace infinita la ronda de saludos.
| Julián Hernández en un momento del concierto. |

